Como
hacer para que este concepto llamado “la duda” podamos bajarlo a tierra y
llevarlo al campo concreto de lo cotidiano.
O sea, no
es materia de este espacio, ni hablar de la duda cartesiana ni tampoco de la
duda existencial o filosófica. Sino de la duda a secas, del diario vivir, del día
a día.
La duda
es el único camino de romper con los hábitos y por el solo hecho de cambiar un hábito,
estamos creando una nueva posibilidad. Dejamos que nuestro campo perceptivo
frencuencie en nuestra sintonía y también en otras sintonías.
¿Todos
los hábitos son una forma de discapacidad? No. Son necesarios una gran parte de
ellos para funcionar en forma sincrónica con los otros. Pero también hay otras
formas sincrónicas de funcionar en los que es necesario apagar la llave del hábito.
Por ejemplo, lo decíamos en la anterior audición. Toda forma creativa, requiere
de esta capacidad. Sin ella me arriesgo a decir que no hay creatividad. Lo que
hay es ejercicio, entrenamiento, eficiencia, eficacia pero falta el acto
creativo en su más hondo sentido. Y que esta dado por la frescura y la
espontaneidad. Algo para lo que no se nos prepara, sino que por el contrario se
lo combate.
“Frescura
y espontaneidad” suena como a marca de champo, a fragancia de desodorante,
quizás a algún nuevo eslogan de gaseosa. Si, puede haber mucho de ello. Pero
acaso no lo hay también en expresiones como “lucha de clases”, “revolución”… y
despierten la sonrisa irónica de personas que no ven en ello más que la
herrumbre de una vieja armadura de algún largometraje de cine con largas barbas
y bigotes gruesos y duros.
Ya que
los uruguayos somos seres nostalgiosos, y hasta le hemos puesto día para
disfrutar del mismo.
Me
imagino que el idioma como instrumento o sea la palabra así también como el
habito se va cargando de lugares comunes, de ejercicios, de entrenamientos, de
eficiencia y eficacia o sea la palabra va perdiendo la fuerza del significado y
se va quedando con el rito y el símbolo, empieza de apoco a apagarse a dejar de
encender con su nombre y su presencia, se vuelve confusa, ambigua, traicionera,
irreconocible. Para terminar perdida en el mejor de los casos en la
nomenclatura de alguna calle más o menos conocida.
“La duda”
es esto, es disfrutar del viaje, a veces dolorosa y solitaria, y otras alegre y
compartida pero siempre acompañada, creativa, con ideas, a veces con pasión,
buscando
información, generando pensamiento, moviéndonos pero por sobretodo
“comunicándonos”.
Ir mas al
fondo seria ¿Qué hace que yo me pregunte o dude? Y para mi seria “mi tiempo”.
Cuando yo puedo sacarle tiempo a la agenda de las tareas y hábitos, y dejar
algún pedacito para fluir con el pensamiento, con la música, con el juego y el
disfrute, con el silencio. Aquí comienza la duda creativa, o sea el antes
llamado ocio creativo.
La
duda y el ritmo
La duda
es humana, la naturaleza no duda, actúa en forma constante. Pero el hombre
mira, piensa y proyecta su pensamiento, su idea y así se comunica, interactúa.
Quizás el
hombre de campo habituado a leer la naturaleza en forma diaria, en un ritmo
diferente, aprenda de forma directa su lenguaje, sus pausas, sus tiempos. Se va
cargando con ese conocimiento quieto, austero y se le va pegando a sus gestos,
a su mirada, a su expresividad.
Pero por estos
pagos también tenemos al hombre de la pesca, con su chalana y sus redes y todo
ese gran mar; tenga que aprender de vientos, de mareas, de corrientes, donde
cada día es una incógnita de aventura y esperanza.
De deseo y necesidad. La pesca artesanal pese
a estar muy diezmada por la otra pesca que arrastra y recoge todo, chico y
grande.
Esta otra
es más respetuosa y también mas sacrificada, lleva con ello, un modo de vida,
una forma de ser. Y es que junto al arte o al oficio y sobre todo en aquellos
que lo traen desde su niñez, se va creando un conocimiento y un reconocimiento
de su entorno, y esto es lo que se entiende como el ritmo, la música o folklore
de un espacio o colectivo humano.
Y acá en
pocos kilómetros podemos ver como cambia la geografía del lugar y también la
geografía humana. Tenemos un arroyo que divide ambas márgenes en forma muy
distinta. Dos rutas que hacen lo propio y marcan 3 sectores geográficos.
Una
playa, que nos reúne en época estival.
Un monte
con el cual recorrer y conversar. Pero un solo aire para todos. Y es por donde
intentamos transitar desde este espacio radial comunitario.
Este “ritmo”
que trajimos para tejer “la duda” con el tiempo de un lugar, con su color y
movimiento. Queremos decir que muchas veces tiene sus propios tiempos, y por
más que uno
fuerce o
intente torcerlos o apurarlos ellos buscan sus canales y sus llamados internos.
Porque lo que todo cambio busca es la convocatoria de estos tiempos e ir
caminando hacia un tiempo mayor que nos haga sentir parte y arte.
-Para la
próxima vamos a ver como sincronizar sin hábitos, como empezar a comunicarnos
haciendo uso de otras formas de sintonía. Esto supongo se va a atar con el tema
del tiempo, nuestro tiempo, mi tiempo y el no tiempo.
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