Todo
el movimiento renovador hizo su eclosión en forma más favorable en los Estados
Unidos.
La
nueva educación encontró en la república del norte las condiciones mas
propicias de país nuevo con una idea de progreso y dinamismo.
En
John Dewey está condensada, más que en ningún otro, la esencia pedagógica y
filosófica del movimiento educacional del presente siglo.
La
exaltación del valor educativo del trabajo manual, al que dignifica y eleva al
mismo plano de valoración ética y pedagógica que el trabajo intelectual.
Todo
el pragmatismo de Dewey asociado a una fuerte corriente vitalista expresada a
través del deporte, la vida en el campo, “el escoutismo”, la responsabilidad
personal, el rendimiento individual y la capacidad e iniciativa. No debemos olvidar
la fuerte influencia del Taylorismo industrial, propio de los tiempos modernos.
Y es a ese Taylorismo que se deben las críticas más agudas que se le han hecho
a los ensayos de la nueva educación en Estados Unidos.
En
las nuevas organizaciones políticas nacidas de la post-guerra, la nueva
educación fue blanco de un fuego cruzado.
Para
los revolucionarios, era una institución burguesa, con espíritu de casta y
realizando una actividad social a base de artificios y pasatiempos; para los
reaccionarios constituyó un vivero de producción anárquica, que era necesario
sofocar para hacer posible la formación de una sociedad organizada,
jerarquizada y estatizada.
En
nuestro país en muchos casos el deseo o el apresuramiento por realizar lo que
resultaba atrayente a través de la prédica
o
divulgación
doctrinaria, llevó a algunos maestros a adoptar lo mas rápidamente posible las
técnicas y las formas de actividad nuevas, a pesar del impulso, la falta de
seriedad de tales ensayos fue un motivo de descrédito para las ideas de la
nueva educación, que, no sin dificultades, ganaban terreno.
Puede
decirse que tales ensayos estuvieron bastante generalizados y dieron positivos
frutos.
Decayeron
luego en los años de la pre-guerra y de la guerra.
Los
hechos, brutales, mas elocuentes que los bellos sueños fueron avasallando los
afanes y las esperanzas.
-El
presente
Hemos
llegado así al presente y es el momento de sintetizar el panorama de la escuela
actual.
Ha
habido, desde hace algunos años, un quietismo aplastante en lo que a este
aspecto de la educación se refiere.
Hay
indiferencia, y, en cierto modo, resistencia hacia tales ensayos.
Este
descrédito lo trajo en buena parte, aunque parezca paradójico la misma ambición
que llevó a triunfar el movimiento.
Las
escuelas nuevas buscaron, y buscan la liberación del niño y su afirmación
personal y autonómica.
Desecha
la familia por el régimen de vida en las grandes ciudades, la escuela creyó
poder, en parte, sustituirla en la educación de los hijos manteniendo
propósitos y aspiraciones de la educación familiar.
Nacionalismos,
imperialismos, militarismos sustituyeron a la esperada paz fraterna que
necesita la escuela nueva para tener posibilidades de ser un elemento
creador y ha resultado así que el niño,
en vez de ser mas libre, resultó cada vez mas oprimido.
En
esta contradicción entre historia y escuela, triunfa en el presente, como es
lógico, la primera.
Prueba
de ello es, entre otras, la de la implantación de la instrucción pre-militar en
las escuelas.
Lo
mas común es que en lugar de haber tres o cuatro salones de mas, sobran las
clases y faltan salones; en lugar de funcionar las escuelas con horarios que
permitan “perder el tiempo”, sucede precisamente lo contrario y los procesos se
apresuran; en lugar de buscarse la adquisición de los conocimientos en
profundidad, la tradición escolar nuestra, los busca según un criterio
cuantitativo.
Un
maestro, por ejemplo, leerá una práctica escolar interesante y pretenderá
realizarla. Se encontrará con que su escuela no tiene terreno o es un edificio
destartalado, o funciona en dos turnos y no puede dejar nada “fuera del
armario” hasta el día siguiente; o, por último, el director, el inspector,
etc., creerán que con su ensayo se pierde el tiempo y no le proporcionaran los
elementos necesarios; o sus compañeros, viejos y rutinarios ridiculizaran sus
propósitos y el maestro sin poder realizar sus sueños, se encastillará en una concepción intelectual donde todos esos obstáculos
desaparecen, y seguirá realizando su labor de todos los días de acuerdo a las
viejas prácticas y a la vieja rutina. El resultado de estas situaciones, que no
son tan teóricas como parecerían, ha sido la dislocación entre práctica y teoría
que hemos mencionado anteriormente.
-La
mesa colectiva
Los
partidarios de la mesa quieren facilitar la comunicabilidad, la interactividad
y la colaboración entre los alumnos. Los del banco fijo, buscan el aislamiento,
el orden, la disciplina y permite una mayor concentración del esfuerzo
individual.
En
el fondo la discusión entre los partidarios del banco o de la mesa, se basan en
un sistema de ideas de la cual esta es una concreción de un trasfondo aun más
amplio.
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