El
movimiento pedagógico del siglo XIX configura las ideas generales sobre
educación que primaron y lograron estabilidad. Se le ha dado en llamar de la
“pedagogía tradicional”. Parece claro que las ideas sobre educación siguen, con
la filosofía, la literatura, las artes, las ciencias un proceso paralelo de
desenvolvimiento.
Los
planteamientos y las soluciones educacionales no pueden prescindir de las
realidades históricas.
Educar
según una pedagogía idealista, sin raíces ni contactos con la realidad, es
hacer obra de soñador. Pero educar según soluciones prácticas, simplemente, es
crear generaciones con un sentido servil de la historia y sin otro motor que el
empuje de los acontecimientos.
Por
una parte, sigue el principio de causalidad del método científico; por otro es
conforme a fines más propio del campo de la filosofía.
Historia
de la pedagogía
Ni
la educación es fácilmente reductible a leyes o a procesos claramente
definidos, ni el elemento sobre el cual actúa permite definiciones radicales.
Por eso teoría y práctica, son elementos de difícil conciliación.
En
los comienzos del siglo XIX se opera una honda transformación en el campo de la
pedagogía. Sobre la herencia de Rousseau, Pestalozzi crea un método y,
especialmente, un nuevo sentido de lo que debe ser la enseñanza. Basa la
educación en la psicología. Esta es intuitiva y un tanto convencional, por lo consiguiente
la pedagogía derivada, también lo es.
Dos
elementos son fundamentales en su obra.
Primero:
la creación de un método mediante el ensayo y la practica directa.
Segundo:
el llamado exigiendo preocupación por los niños de todas las clases sociales.
La
pedagogía anterior a Pestalozzi, era puede decirse obra de filósofos y no de
maestros.
Herbart
que no fue maestro, sin embargo sus ideas han tenido mayor perdurabilidad que
las de aquel, ya que ordenó su pensamiento creando una psicología y una
pedagogía totalmente sistematizadas.
Herbart
busca crear una “ciencia de la educación” enlaza la metafísica, la psicología,
la ética y la educación y con todo ello forma su sistema.
La
apercepción es el elemento combinado que se forma cuando se agregan a las
representaciones del exterior, otras ya existentes en el espíritu humano. Unas
y otras, en una dinámica constante, actúan tejiendo una red de asociaciones que
constituye las manifestaciones del alma.
El
alma pertenece al dominio nebuloso e incognoscible de lo trascendente, las
representaciones y apercepciones son en cambio; las formas dinámicas que realizan
la actividad psíquica.
Lo
íntimo del yo no tiene voluntad, ni libertad, ni deseos. Si desea es porque
elementos que están en la conciencia cobran fuerza en determinado sentido y
aflora al exterior como una manifestación del yo.
Entonces
el desarrollo del individuo se obtiene por la selección y armonización de esos
elementos.
Para
el maestro herbartiano el niño no tiene intereses, solo tiene representaciones
que actúan y lo impulsan en determinado sentido. El educador es quien tiene que
ir motivando al educando. De aquí se desprende la actividad del educador y la
pasividad del educando.
Un
discípulo de Pestalozzi, Froebel, como su maestro, partía del principio de que
en el niño hay una capacidad de creación y desenvolvimiento que le permite
educarse por la actividad. Pero creía también que la finalidad de la educación
estaba en acercar al niño a dios y para ello creo un material didáctico los
“dones”. Este acercamiento con lo trascendente solo era posible mediante el
conocimiento y la abstracción de las formas puras.
Apareció
también el juego como elemento positivo y aprovechable para la enseñanza. Y
también la distinción en las etapas del desenvolvimiento infantil.
Durante
el siglo XIX se impuso el concepto de la cultura popular. Las escuelas se
oficializaron y el estado empezó a tomar poco a poco a su cargo las obligaciones
de la enseñanza.
En
Francia la instrucción pública se estableció gratuita recién en 1881 y
obligatoria en 1882.
En
Inglaterra las primeras escuelas públicas datan de 1870 y recién 10 años
después se impuso la obligatoriedad.
En
Estados Unidos la obra de Horacio Mann adelantó considerablemente la
divulgación de la enseñanza pública (1839-1850).
Pedagogía
tradicional en el Uruguay
Puede
dividirse en dos etapas, una previa que va de 1868 a 1876 de carácter privado y
otra desde esta fecha hasta entrada la década siguiente que comprende la obra
publica de J.P.Varela y sus continuadores inmediatos.
Con
el triunfo de la reforma aparecen bien diferenciadas ya dos tipos de criterio
pedagógico “el práctico y el científico” y dentro del científico dos corrientes
una orientada por el criterio de Varela respondía al espíritu americano
influenciada por Spencer y el pragmatismo y la otra por el Dr. Francisco A.
Berra en cambio, era racionalista puro del tipo alemán.
Si
en lo práctico triunfó Varela en lo doctrinario tuvo mayor influencia Berra.
Los
empíricos: Varela comprendió que la educación en el
país era un problema de hacer y que había que hacerlo todo. Por eso su obra fue
de realizador y propagandista.
Sus
ideas fueron claras y concretas. Exaltación de los fines de la educación,
difusión a todas las clases sociales, afirmación de la democracia en la cultura
popular, laicismo y anti dogmatismo.
Los
científicos: influenciados por el Dr. Berra también
hombre de la reforma. Quiere hacer de la pedagogía una ciencia racional y
deductiva.
Su
pedagogía consiste en dos procesos que diferencia expresamente “educación” e
“instrucción”.
Subir
de la observación de los hechos a los principios y descender gradualmente de
estos a las leyes de aplicación, tales son el sistema y el método propios del
maestro.
Pero
tal rigurosidad lógica lo lleva a exageraciones insospechadas. Su sistema daba
la ilusión de una ciencia. La seguridad, la firmeza y la impecabilidad lógica
de sus afirmaciones, hicieron que el sistema se estabilizara y su espíritu
presidiera por muchos años la “ciencia pedagógica” en el país.
Para
Berra el niño era un recipiente pasivo de toda aquella sabiduría dosificada por
el maestro.
Si
el maestro asume la dirección de la enseñanza, es precisamente porque se
reconoce en el niño y en el joven incapacidad para dirigirse a si mismos. La
disciplina de la inmovilidad, ni desenvolvimiento, ni actividad o iniciativas
propias.
La
disciplina rígida y autoritaria, horarios fraccionarios, penitencias, las filas
y los bancos demuestran ser parte de un sistema en el cual doctrina, método,
menaje y mobiliario respondieron a un mismo fin.
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