jueves, 4 de octubre de 2012

frecuencia ycampo perceptivo


Así como nuestra visión capta solo lo que está comprendido dentro del rango o espectro visible de la luz. La mente tiene una frecuencia y todo aquello que está fuera de esa frecuencia escapa a nuestro entendimiento.

Esa frecuencia que es diferente entre las personas, hacen que las mismas se agrupen por sintonía y es lo que yo llamo “tribus de conciencia”.

Adoptamos pareceres y formas de lenguaje y comunicación que le van dando al grupo un carácter identitario.

Nuestro campo consiente extrae en forma muy rápida y selectiva aquellos elementos que le son reconocidos de la realidad en la cual se mueve. Y todo el volumen de una multiplicidad de sucesos al que nuestra mente no atiende, ya sea por desconocimiento o por falta de atención a los mismos, es descartado.

Todo aquello que sea incomprensible o que no se acomode al marco de nuestras creencias, termina por ser dejado fuera.

Es como si mañana nuestro ojo empezara a ver parte del espectro infrarrojo o de micro ondas o ultra violeta, traería a la conciencia humana un correlativo o amplitud de su espectro perceptivo.

Los hábitos nos marcan un futuro de previsibilidad, a veces se prefiere lo aburrido y conocido a lo inesperado. Pareciera como si estas sociedades  no tuviesen respuestas claras frente a lo cambiante o movible.

Como si un des-orden viniera a romper el orden establecido. Las viejas estructuras ya no pueden contener y predecir estos estallidos “individuales de conflicto”. La salud, la educación, la violencia desde todos los ámbitos a puesto en tela de juicio este sistema, que lejos de traer la felicidad, nos ha empujado hacia una forma de competencia en lugar de cooperación, de lucha individual en lugar de encontrar intereses reales y propios de sentido en la vida.

Así como el reloj nos hizo prisioneros de su compas. El espejo nos aprisionó en la imagen imperfecta del reflejo. Creó la ilusión de verme, inventó un otro a mí, también llamado ego o egos; capaz de proyectar o difundir mi ser. La televisión se encargó de amplificar aun más esta ilusión. Hizo posible la multiplicidad o instantaneidad de la imagen. Millones de yoes ingresando a las casas de las personas. Creando millones de realidades en millones de hogares. Y por aquello de una mentira dicha mil veces se convierte en verdad, tuvo el efecto cuasi instantáneo de no solo sugerirla sino de crearla y creerla.

Entonces… contra que enemigos es que estamos revelando el campo de nuestras conciencias.

En primera instancia contra los propios límites de nuestra realidad perceptiva.

En segunda instancia contra los mismos hábitos impuestos por la conciencia que les dio origen a nuestras personalidades.

Y en tercera instancia contra todas las variaciones y posibilidades que la vida misma desarrolló en un flujo de “sentido en el tiempo” que para las ciencias modernas como la física, lo mismo daría que fuese hacia el pasado o hacia el futuro. Las leyes se cumplirían de la misma manera. O sea, lo que para nuestra existencia se revela como la culminación de algo, pudiera ser que fuese el camino hacia el origen.

No estamos hablando ni de dioses ni de absolutos, que a los efectos es lo mismo. Pero si a lo mejor de polaridad, o sea de una capacidad del espectro de nuestra conciencia de trasladarse en el tiempo.

Sé que para muchos todavía suena esto a ciencia ficción, pero nada de lo que existe hubiera sido posible sin estas dos componentes en la creación humana, ciencia y ficción.

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