lunes, 30 de diciembre de 2013

El ciempiés y la araña


Sin guarida aún, anduvo ciempiés varios días recorriendo por el lugar en busca de alimento. Registrando  a su paso preferiblemente los lugares húmedos y oscuros. Hurgando en las cortezas de los árboles y debajo de piedras, en troncos ya podridos y en la maleza espesa. Como no sabía aún de los peligros, andaba con cautela durante el día y preferiblemente utilizaba la noche en sus recorridos.

Ciempiés tenía una excelente visión nocturna y además todo su cuerpo era un buen sensor de movimiento. Captaba la más pequeña alteración del entorno.

Una noche de luna llena, encontró en su camino una hermosa planta que bailaba temblorosa. En sus hebras, podían verse cual carteles luminosos los reflejos de aquella noche tan clara.

Se acercó atraída por aquella especie de fascinación.

En pocos segundos una polilla nocturna que daba todo tipo de acrobacias en el aire, acertó en medio de aquella hoja. Y quedó como pegada, temblando también.

Tan aprisa como un rayo, alguien se lanzó sobre ella y aprestó envolverla y cubrirla con una fina cuerda.

El ciempiés protestó, levantó sus patas delanteras, pero ya era tarde… Comprendió que debía compartir territorio y que poco había que fiarse de aquella tejedora, que iba colgando señuelos por aquí y por allí, con eficaz estrategia.

Tincho.

viernes, 1 de noviembre de 2013

“Andando”


Cuenta la leyenda que un día… el ser creador tomó varios hombres, y con el barro de sus cuerpos sopló sobre ellos y dio vida a un ciempiés.

Ciempiés partió despacio, tastabillando, en movimientos torpes.

Corcovando el paisaje.

Por el arenal quedaron las huellas de su desacompasado serpenteo.

¿Cómo se puede ordenar sincrónicamente tantos pies? Se preguntaba aquel curioso ser.

Cuando doblaba de forma muy pronunciada, a veces quedaba esperando… con miedo de que parte de su esquelético cuerpo, pudiese seguir otro rumbo.

Ciempiés halló en su camino una larga fila de hormigas, observó que llevaban pedacitos de algún vegetal, y que con sus antenas se frotaban cuando se enfrentaban con otra que venía en sentido contrario.

Dos ríos de hormigas corriendo. Así que tomó de aquel suceso su aprendizaje y enseguida se puso en marcha.

Primero todas a la vez las patas del lado derecho y después todas las del lado izquierdo.

Un, dos. Un, dos. Un, dos… y salió en un gracioso balanceo.

A la hora de la siesta mientras dormitaba. Vio que del cielo llegaban en grandes cantidades curiosos animales que iban registrando todas las flores, extrayendo de ellas su polen.

Aquel sonido producido por el vibrar de sus alas, daba al conjunto el aire de un mantra.

Cuando despertó, había hallado en sueños la solución. A cada pie un sonido particular, y al conjunto, su melodía armónica.

 Serian como las teclas de un piano golpeando en el suelo su nota. Y la partitura se llamaría “andando”.

Así fue que ciempiés encontró su música. Pero, faltaban aun otras sorpresas por llegar… (Continuará)

Tincho.

 

martes, 8 de octubre de 2013

Inteligencia emocional, inteligencia afectiva editado II.wmv


Llueve afuera, llueve adentro


No pasaba nada en el plano acontecer de aquellos días.

En la capa más fina y exterior de la apariencia.

El hombre transcurriendo hábitos y rutinas. Suceso a suceso, aconteciendo.

Ni un solo renglón en los titulares.

Ignorando porfiadamente aquel fermento.

Solo nubes grises y oscuras, cargadas de una multitud de pequeñas gotitas.

Solo el resplandor en racimos de electrones, descargando en chorros el intenso contenido.

Las bocas secas de la tierra, bebiendo su alimento.

Las risas nuevas de estos tiempos, buscándose, mirándose, floreciendo entre las grietas y cicatrices del suelo áspero.

No necesitamos de sus oscuros presagios, ni de sus hipnóticos pronósticos del tiempo.

Dejemos que el sonido suave de los instrumentos, armonice el eco, la voz y el canto.

 
Tincho.-

jueves, 2 de mayo de 2013


“Solo se capta lo nuevo cuando su fuerza comienza a consolidarse. Por ello, es preciso prestar atención, adquirir una larga preparación, lograr el silencio necesario para acallar el ruido de las cosas, y de ese modo asistir a la emergencia de lo singular”.

Annabel Lee Teles

Esta batalla por los cambios que se está librando afuera es la misma que también encontramos dentro de nosotros mismos. Nosotros pujamos por un cambio fuera, para que el mismo nos arrastre también a nosotros. Y aquellos cambios que hagamos, tendrán un correlativo en el afuera.

A veces pasa, que cuando uno en su lucha, en su pensamiento, en su vehemencia, desconociendo quizás las artes de este oficio. Y no esté preparándose para ello. Abra un abanico mayor de frentes, al de sus propias fuerzas y las fuerzas del afuera nos conducen por otra corriente advirtiendo que nuestros cuerpos, aún no estaban preparados para seguir unidos con los pensamientos.

Conocerse, sería experimentarse en estos aspectos del ser. Estos despliegues y repliegues del ser. Esta experiencia de afectar y ser afectado. Implica que también nuestros cuerpos acompañen y sientan dentro el conflicto. Que puedan actuar como “un todo”.

-Conocer nuestras fortalezas y debilidades. Tener estrategias. Establecer lazos de colaboración y de apoyo. Saber también cuando replegarse y como.

Identificar el adversario, pero también nuestros compañeros. E ir leyendo los distintos momentos que se van a ir planteando.

La pelea no es ni corta ni larga. No hay un objetivo final palpable. Sino el mero proceso del cambio, “la transitoriedad”

A mí me gustaría recalcar esto que Annabel expresa para entender que esta experiencia llamada humana, no está tan separada del “todo”. Porque somos “un todo” viviendo una experiencia “singular en relación”; no entes individuables sino un todo relacional a través de una singularidad.

El todo y la parte en un flujo y reflujo relacional.

Después, lo otro también a subrayar fue “la potencia”, “nuestro potencial” y como cuando ella no se desarrolla, no se expresa, sino por el contrario es limitada, ello repercute en nuestra fuerza, en nuestro ser. O sea que el ser se repliega sobre sí mismo.

El ser desbordado y trasponiendo las fronteras de las identidades. El ser expresivo, creativo, autónomo. Así, es como veo “la potencia”.

Estas identidades no son para que sintamos el límite del ser, sino todo lo contrario, sean el marco desde donde abarcar nuevos horizontes casi expedicionarios apoyados en estas potencias que pujan por salir de nosotros mismos.

Entonces me tomé el trabajo de apuntar algunas expresiones para entender como la lógica o la ideología dominante o desde el sistema, o de los grupos económicos que tejen sus estrategias van marcando no solo la manera en como discutimos, sino también los contenidos de las mismas. Junto con el lenguaje también nos incorporan una identidad de dominio.

Y puse algún ejemplo:

-Grupo de” consumidores” de tal cosa.

Grupo organizado de personas preocupadas u ocupadas en defender y concientizar que cosas estamos por ejemplo comiendo.

-Recursos naturales o recursos humanos.

Como si yo pudiera echar mano de las personas o de los distintos equilibrios geográficos-biológicos y sacar provecho de ello sin importar después lo que suceda o peor aún sacarme la responsabilidad de encima cuando deje de ser un recurso para transformarse en un desecho o descarte.

-Banco de semillas

No será un reservorio para su preservación. Una manera de defender o salvaguardar las distintas especies llámese criollas o nativas de esta imposición genética que se quiere hacer como forma productiva. Y su posterior patente para asegurarse el lucro y el uso de los alimentos.  Estaremos tan lejos los seres humanos de reproducir estas mismas lógicas genéticas a la hora de llevar a cabo nuestras conductas biológicas.

Estamos deseosos de que vallan surgiendo muchos grupos organizados de personas ocupadas en defender y preservar no solo el consumo, en querer defender y preservar el alimento sano, el agua sana, la salud sana, el pensamiento sano, los medios de difusión cultural, llámese televisión, radio, internet o diarios (sanos). O sea las relaciones humanas sanas.

No solo a través de los números que van corroborando ese tránsito o cambio cultural en las formas productivas, sino que lo estamos viendo en los desequilibrios humanos, en las relaciones y en las respuestas violentas o estallidos que encuentra el ser para poder manifestarse, expresarse y obtener aquellas cosas que el mismo sistema nos propone o nos “induce como deseo”.

No podemos seguir buscando “referentes” para ser conducidos. Tenemos que encontrar referentes pero para asumir mi participación. Mi espacio en la lucha. Que ayude a entender lo que nos pasa, y sea el impulso que le dé movimiento a “mi propia potencia”.

Tincho.

jueves, 18 de abril de 2013

Extrayendo algunas impresiones sobre esta “Quinta fiesta nacional de la semilla criolla y la agricultura familiar” (en Valle Edén)


¿Qué es un encuentro?

¿Un encuentro es para todos?

¿Cuándo nos sentimos parte de un encuentro?

¿Qué busco en un encuentro?

¿La experiencia, qué nos dice?

¿Dice lo que es, o tiene sus propios caminos de búsqueda?

 

Para responder a estas preguntas tengo que volver sobre dos temas ya tratados anteriormente, “la información” y “la sincronicidad”.

En todo encuentro se da una coincidencia espacio-temporal. Algunos llegan de la mano de un propósito pre-establecido, ya sea individual o colectivo.

-Quienes arman y organizan tienen sus propios objetivos.

-Quienes confluyen a los mismos accionados por sus propias expectativas, buscan encontrar un lugar desde donde expresarse.

-Quienes llegan hasta ahí movidos por fuerzas exteriores a sí mismos pero abiertos a la experiencia, posiblemente solo vivan el espíritu de ese encuentro.

Haciendo un poco de recuerdo, vimos que toda información es una “forma” en relación y movida hacia un propósito. No hay información descolgada o aislada. Toda información siempre se da en una relación de datos o conceptos relacionados entre sí y ordenados con un fin. Llámese manifiesto o inducido. Por ahora quédense con ese concepto.

Y lo otro que decíamos referente a la sincronicidad, es un estado o puesta a punto de aquellos impulsos que hacen que salgamos de nuestros modos o formas establecidas de actuar. Para manifestar casi de forma espontánea nuestros sentires.

Estas vibraciones sutiles que nos están alcanzando, hacen que muevan nuestros centros hacia formas auto-organizativas.

Ahora, volviendo al encuentro y a su heterogeneidad. Vi varios pasados desplegados, expresándose, en un presente que comienza a moverse de forma clara, respetuosa pero dura, y que va despertando aunque lenta, para lo rápido que avanza el sistema sobre nosotros.

Solo un enemigo poderoso como el que ya está instalado puede hacer que confluya toda esa heterogeneidad y que va a costar transformar en propuestas amplias, ese cúmulo de visiones, expresiones e intereses tan fragmentado.

Puede que para la lucha se logre, pero para la construcción, es bastante más complejo.

Tincho.

domingo, 14 de abril de 2013

“El sincretismo del consumo”


DESEO – REALIZACION – FELICIDAD

Esta imagen simbólica asociativa nos conduce por un escabroso acantilado.

En las distintas representaciones culturales del deseo y aun en aquellas que encuentran en la ausencia del mismo un fin como posibilidad liberadora, no nos han dejado otra recompensa que la ausencia de sufrimiento. El desenganche del encadenamiento karmático, y en esto se asemeja al cristianismo con su resurrección como contrapartida a este mundo de sacrificio.

La modernidad nos uniformizó con sus mecanismos de producción y el adoctrinamiento de los medios. Llevado a cabo por los distintos parlantes amplificadores del ilusorio deseo de confort y sus estándares de vida. Nos empujaron a través de una mecánica de consumo hacia un paraíso, para un manojo de impulsos despiertos en nuestros instintos más primarios.

Las puertas cerradas con llave durante siglos de aprendido auto control se abrieron de par en par, marcando el cambio de los tiempos.

Hoy el control ya no nos asiste, el freno se ha instalado fuera de nosotros, al ojo de “vigilar y castigar” de Foucault ha dado paso a un “otro” que cada vez más ejerce un control sobre todos los ámbitos de la vida.

El círculo se ha ido estrechando cada vez más. Invisibilizando a grandes porciones de la población mundial que sufren los embates de empresas globalizadas que no tienen miramientos cuando apetecen de sus “recursos naturales” (como le dicen ahora), y de lo que se trata es de lo que sostiene la vida misma de grupos enteros de población, y que para el sistema ya no es un recurso sino un desecho.

Pasamos de una “libertad vigilada”, a una “libertad controlada” y el impulso de la libertad se ha canalizado hacia un consumo que lo haga sentir dueño de si, y cuando hablo de consumo, también incluyo el consumo de ideas, de imágenes verbales.

Se fragmentó la sociedad, se fragmentó la religión, se fragmentó el conocimiento. Pero a su vez se globalizó el control y la producción, como también el alcance aglutinador de la tecnología.

Tincho.

martes, 26 de febrero de 2013

INFORMACION


En el día de ayer, tuvimos una breve introducción explicativa de Ricardo sobre ¿Qué es la información?, ¿Qué es un documento?

Que factores intervienen en la construcción o deconstrucción de un relato, tomado como información. Y lo más importante de saber ¿Qué busco?, cuando estoy tratando de encontrar información.

Todo este proceso llevado a cabo por quien intente bucear en el mar de la comunicación o de la información en estos tiempos del hiper-realismo- informático. Tendremos que empezar por el comienzo.

In-forma-ción. La palabra misma expresa tres actos simultáneos y yo la resumiría de la siguiente manera “forma en movimiento”.

Primero tenemos la “forma” o imagen y para poder ver esto, necesitamos de un fondo o entorno en el cual poder distinguir o recortar esa imagen. Si no de lo contrario, fondo e imagen sería todo uno. O sea necesitamos hacer ese ejercicio de separación entre la forma y el entorno que lo contiene y lo continua.

Y el segundo proceso es ver como evoluciona en el tiempo “su movimiento”, su cambio a veces aparente como en un camuflaje o mimetismo con el contexto, u otras de destaque y realce, como en el cortejo del apareamiento entre las especies.

O sea para mí la información es una forma, en un contexto, en movimiento.

Tres actos simultáneos interpretativos de nuestro intelecto por entender la información que me está llegando. Y “el qué”, está relacionado con ello. Tengo que saber qué forma busco, en relación con qué y de qué manera se mueve o cambia. Ya que todo está en movimiento.

Por supuesto que “la memoria” es nuestra base de datos, la experiencia, el cúmulo de la información, nuestra fuente de comparación y la “idea” nuestro rumbo, nuestra proyección, nuestro movimiento. O sea” el tiempo de nuestra forma”. Ya que cada uno de nosotros es también una forma, en un contexto en movimiento. Somos información para otros.

Y por acá dejo… para seguir pensando sobre este tema.

Tincho.

viernes, 22 de febrero de 2013

Aquellos a quienes les halla gustado el video que está abajo y quieran ahondar, hay una película que está muy buena y trata también este tema que explica Jean Garnier Malet....
El nombre de la película es "REVOLVER" y está en you tube.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Instantánea


No sé si existe un nombre para esta enfermedad que llevo como una espada de Damocles.

Sé que no  hay otros ejemplos en el mundo y la ciencia ha tomado mi caso más por curiosidad o rareza que por humanismo.

Lo cierto es que un día, como cualquier otro el tiempo se detuvo. O sea, mis ojos dejaron de percibir el movimiento. Y el último fotograma de mi retina quedó congelado para siempre en una instantánea foto eléctrica, que no logro borrar de mi vista. Ciego al mundo a partir de ese momento quedé para siempre, en una única imagen.

Desde ahí hasta hoy han pasado por mi vida, oftalmólogos, psicólogos, especialistas de todo pelo, controles, exámenes y estudios de toda índole.

Pero lo cierto es que la ciencia antes de darse por vencida inventó un nombre y una nueva rama para su incorporación al campo clínico.

Y debido a su rareza no escatimó tampoco en el nombre dado a la misma, “esclerosis retino temporal” o más comúnmente como “síndrome del ojo duro”.

Lo cierto es que en esta larga espera de convalecencia, he tenido que al igual que los ciegos aprender a moverme sin el uso de este recurso sensorial. Pero a diferencia de ellos yo guardo una única imagen que me fue dado fijar y en la cual recorro como a manera de una vieja instantánea  sepia, los distintos objetos que ahí por azar o por otros motivos quedaron impresos para siempre sin que el tiempo pueda hacer en ellos la menor mella.

Tincho.

lunes, 21 de enero de 2013

“Alternati-vas-haciendo”


La crítica como nosotros la entendemos es quizás solo la manifestación de los puntos flacos o a mejorar que podamos tener ya sea planteada en nuestro propio espacio interno del programa, o también de parte de nuestros escuchas u oyentes. Y aquellas devoluciones que puedan hacernos hacia algunas de nuestras manifestaciones dichas en forma espontánea y abierta son siempre bien recibidas. Sabiendo que no todo lo que decimos lo elaboramos, ni tampoco creemos que ello esté bien.

Hacemos un pequeño trabajo muchas veces para dar inicio a la conversación y como disparador de ideas y después tratamos de volar con el pensamiento. En esto de la radio, que es como ir pensando en voz alta.

La intensión simplemente es generar inquietudes positivas, como las que tenemos acá, de buscar, indagar, curiosear, escudriñar en cualquier campo en donde podamos aterrizar nuestra atención como así nuestro interés.

Hemos hablado sobre ciencia, sin ser científicos; hemos hablado de filosofía, sin ser filósofos; hemos hablado de política, sin ser políticos; de problemas sociales, sin ser sociólogos y creo que esa va a ser la dinámica no porque descreamos de estos campos de estudio, sino porque también podemos hablar en cualquier campo. Teniendo claro que no tenemos campo. Y además sabiendo que nuestro conocimiento va a ser limitado y con el respeto por los demás, asumiendo que no nos atribuimos la razón ni la verdad sobre nada.

Mientras podamos mantenernos con este rumbo bárbaro. Y si algún día no nos sentimos a gusto haciendo esto, seguiremos en otra cosa como estábamos antes de incorporarnos a este espacio sin problema ninguno.

Hablamos solo del pensamiento y como nuestro personaje central en la figura de Robert Owen, se desenvolvió y desarrolló su prédica y su accionar. Y si trajimos a otros para confrontar con la suya, fue solo para dejar entrever que la historia se va construyendo así. Constantemente y en ese momento histórico fermental de grandes cambios hacia el futuro ni que hablar, que la confrontación era en esos términos muy dura, en la expresión, en la descalificación y también en la acción de la vida misma.

Nosotros fuimos recorriendo la historia hacia atrás en el movimiento cooperativista hasta llegar a Owen pero la historia de lo cooperativo en el hombre se remonta quizás hasta los orígenes de nuestra conformación, sino el hombre sólo, aislado, no hubiera podido sobrevivir.

Por ello hablamos de lo cooperativo en lo económico como modelo alternativo al capitalismo de las actividades privadas y particulares. Donde las personas que trabajan en los distintos emprendimientos puedan también desarrollarse y no ser solamente un instrumento de riqueza para unos pocos.

Entonces hoy vamos a hablar del cooperativismo como emprendimiento económico, con sus reglas, sus estructuras y abierto a que pueda seguir evolucionando, sin ligarlo rígidamente o asfixiarlo con un complejo de leyes y estatutos en donde quede librado al conocimiento solo de expertos o técnicos. Sino por el contrario, en donde la dirección y la acción formen parte de todos los integrantes de ese colectivo.

Tincho.

miércoles, 2 de enero de 2013

JUZGADO


La escalera tiene exactamente veintidós escalones.

Los rasgados ojos de un niño persiguiendo geométricas señales en la diminuta pantalla de un juego electrónico.

Pequeños paseos sobre el frío piso de baldosa.

Delgados hombres y rústicas mujeres llevan su oficio por los pasillos, esperando una respuesta.

El rítmico sonido de una perseverante máquina de escribir, deduce cada tanto los suspiros de su dueño.

Pequeños pocillos de café resistiendo el olvido: agotadas neuronas en suspenso.

El estrado del miedo es un abismo agarrándose en el borde de la fe. Nadie está a salvo.

Sus vecinos los mirarán con mala cara. Pintarán su casa con espejos.

Su honra tendrá para siempre el tamaño de la duda y un solo pilar: su vida.

Deambularán por la calle, taciturnos, en un estrépito de voces huecas.

El bullicio se paraliza un instante. Sólo un susurro penitente esperando su condena.

Bajo solemnes cuadros se declara la justicia. Pero las palabras huelen a eufemismos, a paradojas, a excusas en silencio. Es el estilo.

Al final no habrá ni jueces ni verdugos. Sólo una mancha en un papel fundido. Y escarmiento.

Con manos grises se espera la sentencia. Como el peso del pasado o de los gritos. Con la clara sensación que en el cadalso, todos los muros ocultan primavera.

 
                                                               Bachicha

 

EL ROBO


Soy un escapista, un duende, un simulacro. Nada de esto es rigurosamente cierto, ni siquiera parcialmente. Sólo las sombras, lo casi todo, lo intangible. El infinito espacio entre palabras, los millones de malabares entregados al olvido. Si apenas fuera apreciable la memoria… Pero nada de esto es cierto, ni siquiera parcialmente. Si lo fuera, debería aceptar que estoy en lo cierto. Y eso es imposible. No hay certeza alguna que pueda controlar una palabra. Estrellas, estrellas diminutas, esparcidas en un vuelo incinerado por el tiempo. Me gustaría aceptar que estoy aquí, imitando mis formas. Pero no podría hacerlo. No soy dueño siquiera de este engaño. Hay demasiados responsables de este infierno. Nada de esto es cierto, ni siquiera parcialmente. Entonces beberemos pesadillas.

-         Philip! Podría sostenerme en este enredo! Clama la reina, mientras eriza su piel con un estreno. Philip! Es tan bello este parque, esta luna, ese plebeyo. Repite la reina, esperando que ese eco construya su memoria.

Soy un escapista, un duende, un simulacro.

No tengo el honor de ácidos livianos, que aligeren esta carga de certezas. Esta verdad evaporada sobre una montaña de cenizas.

Aplaudamos a la reina: ella a dicho “vivamos sin miedo”! mientras sus labios feroces, besaban la reja con espanto.

Y yo intento, juro que trato de explicarlo todo. Pero nada de esto es cierto, ni siquiera parcialmente. 

Niños aleteando llamaradas, abuelas vestidas sin tropiezos, minúsculos  hombrecitos sacudiéndose en su puño, escenas que quisieron ser heroicas, atrapadas en la sombra de una mordaza eterna.

No soy más que un escapista un duende, un simulacro, intentando entregarme a los compases, repitiéndome, sin cesar, el ritmo de la cuerda en cada salto. Pero es imposible. No hay forma de evitar ese tropiezo, los escasos segundos de agonía, la confianza fugaz de algún triunfo. Siempre la cuerda, los gatillos, los abrazos. Nunca el silencio.

Nada de esto es rigurosamente cierto, ni siquiera parcialmente.

Cuál es la escena final de este diseño? Un grito? Un eructo? Una estampida?

Y si fuera que al final no hay un abrazo? Si tuviéramos que dejarlo todo? Si no valieran la pena los aullidos?

Me voy, me voy a ir. Es preciso una marca, una esquina, un cierto suceso que nos haga nuevos. Por qué pedir permiso? Para que negarlo. Adoro esa textura agridulce del retiro.

Me voy. Quién va a extrañarme. Soy apenas un escapista, un duende, un simulacro, que pretende descubrirlo todo. Y supongo que es demasiado tarde para construir nuevas palabras. Y además para que hacerlo. Nada de esto es cierto, ni siquiera parcialmente.

Respira

Mejor será seguir las luces, el camino veraz de los que creen, la sapiencia perenne de los justos.

Y si fuera apenas un capricho? Si los rostros no auguran primavera? Si la paciencia tuviera otros efectos?

Es preciso imitar! dijo la reina, con la voz herida del insomnio. No hay un camino! No hay un camino. Hay un mar de voces al ocaso, hay un millón de voces, al poniente. Aligera la carga que un demonio, vendrá por fin a llevarnos al naciente.

Menos mal me digo, y me respondo, que nada de esto es cierto.

Ni siquiera los días que no han sido, los oscuros presagios del encuentro.

Respira y se para

Pero entonces, quién viene? Y si no fuera nadie?

Va hacia el público

Y si esto fuera en verdad un simulacro. A quién llamarías, a quién le dirías te quiero, a quién dirías te perdono, a quién, sin siquiera sentir los pies, los olores, los lamentos. Cómo mirar a los ojos? Cuándo fue la última vez? Cuándo fue que descubriste que era tarde? Cuándo fue que tardaste en darte cuenta cuándo?

Pasa entre la gente

Pero qué calle es ésta? No, no hay nada de que preocuparse. Nada de esto es cierto, ni siquiera parcialmente.

Mira a los ojos a alguien

Soy un escapista, un duende, un simulacro.

Grita, mirando hacia arriba

(explica) Estaba aquí … no lo se …. No lo se

No (explicando hacia la gente), no se preocupen, aún no es tiempo de los justos. Para eso falta tiempo. Faltan las culpas, las lágrimas, los besos, las culpas, las lágrimas, los besos, faltan las culpas….

(vuelve al escenario)

Aquí, si, creo que aquí (va mostrando cada espacio) Aquí hubo un sol,  un aljibe, una abuela, un cuaderno (duda) aquí estaba el aljibe, el sol, la bicicleta, si, la bicicleta estaba colgada aquí, junto a la parra. Más allá las caricias (se acerca, se recuesta) Si, acá estaban las caricias (llora, en posición fetal). (se para de repente, se seca las lágrimas). Pero no, no se preocupen, nada de esto es cierto, ni siquiera parcialmente.

Ayer acá, estuvieron, le vaciaron todo, pobrecita. Y claro, nadie vio nada, nadie escuchó nada. La nieta, me dijeron, escuchó todo. Pero estaba haciendo…. en fin … lo de siempre. (se da vuelta de repente) ¡Les dije que se callen! (volviendo al público) Y bueno, la chica está perdida. Nooo, no sabe lo que hacer. Si hasta hace poco … (se acerca y susurra) le robaba pastillas a la madre. Pero esto no es de ahora, eh. De niña ya se veía que tenía el diablo en el cuerpo (vuelve corriendo al lugar donde lloró, se pone en esa posición y vuelve a llorar. Se levanta rápidamente y vuelve dónde estaba. Se ríe)

Rejas y un perro, eso es lo que hay que tener! Y policías! Sino, parece que te tomaran el pelo

(se calla, escucha unos segundos) Ese es el tren, lo se porque el piso vibra. Se siente, si (apoya el oído en el suelo y aumenta el volumen de los latidos. Se sienta, baja el volumen de los latidos)

Me voy, debo irme. Soy un escapista, un duende, un simulacro. Nada de esto es rigurosamente cierto, ni siquiera parcialmente. Si lo fuera, alguno de ustedes, lo sabría.

Bachicha

 

 

LOS CUENTOS


Cada noche, en el pueblo de Nista, la gente se reunía a compartir sus relatos. Hombres y mujeres, ancianos de largas barbas, al culminar sus tareas, formaban una ronda para que todos pudieran escucharse. Los niños iban y venían con sus huesos y sus bolitas, sus gritos y sus muñecos de trapo, y solían integrarse sólo cuando algo les llamaba la atención.

Así transcurrían los días en Nista. El sol iluminaba el trabajo y el aceite encendido, la fantasía.

A veces, la señora Agatha tenía que cuidar a su bebé, o el señor Ramírez terminar de arreglar su sillón o su linterna, por lo que debían quedarse en casa. En esos casos siempre había alguien al día siguiente dispuesto a acercarse a los ausentes para recrearles los cuentos más jugosos. Y realmente los recreaban, porque a los originales, les gustaba agregar algo de sus propios sueños.

Nista se fue llenando entonces de creadores que en cualquier esquina eran capaces de inventar alguna historia para entretener a los amigos, a los niños, a los forasteros, quienes enterados de las cualidades de estas gentes, comenzaron a frecuentar el pueblo. Cada día los habitantes de la región se despertaban ansiosos de nuevas aventuras y al caer el sol, aunque algo agotados de sus tareas diarias, volvían a la plaza con la misma inquietud del día anterior.

Lo más hermoso era que jamás quedaban insatisfechos. Pues efectivamente, si a alguien no le conformaba el cuento anterior, no tenían más que pedir la palabra e inventar el propio.

Así era la vida en Nista.

Un día como cualquier otro, Pipo, el hijo del viejo Ruano, empezó a integrarse a aquellas rondas. El joven, que había abandonado hacía algún tiempo la casa paterna para irse a vivir al bosque, se sentaba junto a sus mejores amigos y, como solía hacer desde niño, escuchaba atentamente. Escuchaba y tomaba café. Eso hacía Pipo cada noche.

Hasta que una vez se decidió a hablar. Pero en lugar de cuentos, Pipo se dedicó a relatar las cosas que veía en el bosque y las novedades de la casa que estaba haciendo. Esas eran sus historias. Un día imitaba el sonido de un pájaro, al que le había puesto su propio nombre, otro día corría como los osos y otro, les confiaba de qué manera había elegido la orientación que tendría la casa.

Sus relatos siempre eran sorprendentes, porque aunque no hablaban más que del bosque o de la casa, todos empezaron a descubrir los infinitos detalles que puede poseer cada cosa. Y así las puertas tienen sus pestillos, sus bisagras, sus cantos, sus maderas, y cada parte viene a su vez de una familia, de su propia fábrica. Y además, cuando esos pedacitos se reúnen pueden sonar, verse o utilizarse de forma diferente.

Algunos hombres, que ya sabían todas esas cuestiones o creían que las sabían, empezaron a aburrirse y a comportarse como niños, yendo y viniendo de aquí para allá. Mientras que los niños, ansiosos por conocer los secretos que Pipo iba descubriendo, le pedían más y más. Y el muchacho no hacía otra cosa que complacerlos, porque a él también le gustaba ordenar sus pensamientos y sus experiencias.

Cada día creaba un nuevo rincón. Llegó un momento en que ya no sabía si lo hacía porque le servía o por su propio gusto, o simplemente para satisfacer la curiosidad de sus oyentes. Extraños artefactos, techos inclinados, raras formas acanaladas, exóticas maderas o pinturas. Su día era sencillo. Por la mañana salía a procurarse el alimento, cazando, pescando o simplemente recolectando frutos, a los que examinaba exhaustivamente. Por la tarde a construir (salvo los lunes en que se dedicaba a observar la naturaleza) y a la noche o iba al pueblo, o si estaba muy cansado se tiraba a dormir a pata suelta.

Pero así son las cosas y una vez Pipo se empezó a cansar de esa rutina. Notó que estaba repitiendo palabras, lugares, animales. Y por más que hizo un gran esfuerzo escuchando otros relatos o simplemente mirando el fuego, acabó por aburrirse. El día que se dio cuenta de eso, sin embargo, no fue un día triste. Todo lo contrario. Se levantó temprano y se fue al río a darse un buen baño. Luego de pescar, se sentó en el nuevo balcón de su hogar para observar a su alrededor aquel verde más luminoso que nunca. Preparó como lo hacía habitualmente su mochila, sólo que esta vez no sólo llevó comida para el viaje sino que cargó flores, pieles, adornos. Y así viajó para Nista.

Como cada noche, la gente se apostó a escuchar su nueva historia. Entonces Pipo se levantó y le fue haciendo un regalo a cada uno. Todos recibieron el suyo. Una vez terminado el reparto se aprestaron, ahora sí, a escucharle. Pero Pipo los sorprendió una vez más. Tomó su mochila, la cerró, les saludó y se fue. Dicen, que a construir una nueva casa.

 

Bachicha