Vos
estas escuchando radio comunitaria del rincón del pinar.
Un
espacio que tiene que ser de todos, en la medida que vallamos entendiendo que
todo lo que hay aquí, es de todos. Hay que ir apropiándose de las cosas. De las
palabras, de la acción, del tiempo y del espacio.
Ni
la tierra, ni el aire, ni el agua, ni la vida son de alguien.
Hay
que trascender los alambrados, las fronteras, los cercos que han hecho de este
lugar una forma de dominación, de separación, de enajenación.
Los
cercos de lo “prohibido” y lo “permitido”. Los cercos de lo imaginado y de lo
establecido. Los cercos de lo porvenir y de lo ya instaurado.
Los
cercos de lo aprendido, de lo que nos dejaron como posible.
El
ego-ismo es otra forma de marcar los cercos de los sujetos. Puesto el hombre
como calidad de supremo. Todo gira en torno a imagen y semejanza del ego. Ya no
hay límites a las posibilidades humanas.
La
ciencia como instrumento y herramienta se erige como única forma posible de
abordar el conocimiento y la verdad.
Pero
estamos asistiendo al desmoronamiento de estas religiones efímeras y fugaces de
consumo, de regocijo egoísta de las personas y los objetos. Y la transición
hacia un reconocimiento de nuestras verdades como sujetos creadores de la
realidad. Y no meros pasivos o huéspedes en tránsito por la misma.
Pero
la “apropiación”, las formas ordenadas de manifestarse y reaccionar. El respeto
por los espacios en tensión y conflicto, los modos, las instituciones, no dejan
de ser filtros al servicio del control, y contención a cualquier cambio que
ponga en duda al sistema establecido de desigualdad imperante. Porque ya
empieza a verse como sospechoso cruzar ciertas franjas salariales. ¡Ojo la
inflación! ¡Cuidado con la inestabilidad! Los mismos discursos de otros tiempos
parece que han permeado en estos tiempos.
Ya
no se habla de clases sociales, ni de capital, ni de trabajo. Eso es de otro
tiempo. Hablar de ello es de reaccionarios. Y pensarlo es de ilusos. De gente
que no comprende que eso, ya fue superado.
Bueno…
perdón por este arranque, pero la filosofía no solo es para decir frases
agradables, a veces hay que patear alguna silla o sillón. Porque “la comodidad”
es mala consejera.
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