La
“libertad”, pese a ser un concepto abstracto, intangible e imaginario, es la
esencia del ser humano. Esa libertad no se da en forma espontánea, necesita de evolución
y revolución.
Evolución
para conocernos y entendernos; y ello requiere de una búsqueda que quizás no
tenga un final, porque somos seres evolutivos por naturaleza. La otra realidad la que sucede junto con los
otros, también está impregnada de una dinámica. Se nos escapa tanto como nos
acercamos a ella. Nuestro pensamiento o intelecto es la herramienta con la cual
trabajar para establecer algún marco en donde poner nuestra atención.
Eliseo
Reclus tanto como hombre de ciencia abocado a la geografía y ocupado también por
temáticas sociales humanas. Encontró que si hay algo que es común a unas y
otras es precisamente la evolución de todo lo existente y necesariamente este
proceso nos lleva a revoluciones parciales, que nos ponen en la antesala de
otro proceso evolutivo, y así se repetiría. Pero, tanto puede haber en esa evolución un progreso, como un
retroceso.
Aquí
en esta primera parte yo remarqué esto de (sentir el deseo sin tener
pensamiento, y tener imaginación pero careciendo de voluntad), esto seria la manifestación
incompleta de una persona.
Y
esa situación seria un elemento de disolución, tanto dentro de los
conservadores como dentro de los revolucionarios. Porque ella misma estaría tironeada
hacia un lado y hacia el otro.
O
sea, lo que nos propone Reclus, es que tengamos además del deseo, un
pensamiento que seria como la ruta hacia ese deseo. Y a su vez la voluntad como
fuerza, empuje o motor. Para darle movimiento a ese, yo le llamaría “proyecto”.
A esa tríada (deseo-pensamiento-voluntad).
Nos
dice también que “la evolución intelectual que emancipa los espíritus, trae
como consecuencia de hecho, una cierta emancipación de los individuos en sus
relaciones con los demás. O sea, nos pone en una relación de iguales con los
otros, para poder pensar y expresar nuestra forma particular en esa construcción
colectiva de la comunicación.
También
nos advierte de que toda transformación lleva implícita una resistencia, por la
inercia del ambiente. Y por lo tanto requiere de una fuerza mayor para
contraponerla. O sea requiere de ir aunando voluntades para llegar a un momento
en donde esa transformación seria impuesta.
Yo
veo esto en cierta forma en la tecnología. Como se supera en forma constante a
una velocidad asombrosa. Y se impone pese a las resistencias que pueda
encontrar. Porque está en sintonía con ese mismo proceso evolutivo.
Y
acá lo podemos ver tanto dentro del capitalismo como dentro de los distintos
proyectos socialistas o comunistas. Todos van por el desarrollo tecnológico. Y cada
tanto se produce alguna de esas llamadas revoluciones tecnológicas.
O
sea, la ciencia y la técnica han sido las grandes triunfadoras de este siglo
pasado. Y se ha llevado a cabo tanto en forma constructiva como regresiva.
El
poder destructivo del hombre ha crecido en la misma escala que su poder
constructivo. Y las consecuencias las estamos viendo por todos lados en el
planeta.
Los
poderes en pugna por los recursos planetarios están dándose batalla en este
momento. Ya estamos asistiendo según algunos, prácticamente a una guerra a
escala mundial. Se podría decir encubierta.
Esta
nación que reclamó para sí desde sus comienzos libertad de autonomía. Y que la
obtuvo debido a la magnitud de las fuerzas en disputa, llámese Provincias
Unidas o Estados Federativos del Brasil. Nos colocó como nación en el medio de
dos colosos, que no dudaron en juntarse a la hora de destruir en forma
vergonzosa a una muy próspera “Nación Guaranítica” producto del trabajo por
siglos de los misioneros jesuitas.
Hoy,
salvando las distancias y los tiempos hemos asistido a otra no menos parecida
actitud de estas mismas naciones que se conjugan para dejar fuera a la hermana
República del Paraguay por el solo hecho de establecer sus propias reglas y que
quizás para nosotros no nos gusten. Pero acaso… ¿no reclamamos iguales derechos
para las naciones Árabes, presionadas e intervenidas desde fuera en aras de
cambios “democráticos” y a su vez adherimos a estas otras conjuras por
considerarlas no democráticas?
Y
como dijera nuestro compañero Abayubá… “del dicho al hecho, un buen trecho”
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