Así como
nuestra visión capta solo lo que está comprendido dentro del rango o espectro
visible de la luz. La mente tiene una frecuencia y todo aquello que está fuera
de esa frecuencia escapa a nuestro entendimiento.
Esa
frecuencia que es diferente entre las personas, hacen que las mismas se agrupen
por sintonía y es lo que yo llamo “tribus de conciencia”.
Adoptamos
pareceres y formas de lenguaje y comunicación que le van dando al grupo un
carácter identitario.
Nuestro
campo consiente extrae en forma muy rápida y selectiva aquellos elementos que
le son reconocidos de la realidad en la cual se mueve. Y todo el volumen de una
multiplicidad de sucesos al que nuestra mente no atiende, ya sea por
desconocimiento o por falta de atención a los mismos, es descartado.
Todo
aquello que sea incomprensible o que no se acomode al marco de nuestras
creencias, termina por ser dejado fuera.
Es como
si mañana nuestro ojo empezara a ver parte del espectro infrarrojo o de micro
ondas o ultra violeta, traería a la conciencia humana un correlativo o amplitud
de su espectro perceptivo.
Los hábitos
nos marcan un futuro de previsibilidad, a veces se prefiere lo aburrido y
conocido a lo inesperado. Pareciera como si estas sociedades no tuviesen respuestas claras frente a lo
cambiante o movible.
Como si
un des-orden viniera a romper el orden establecido. Las viejas estructuras ya
no pueden contener y predecir estos estallidos “individuales de conflicto”. La
salud, la educación, la violencia desde todos los ámbitos a puesto en tela de
juicio este sistema, que lejos de traer la felicidad, nos ha empujado hacia una
forma de competencia en lugar de cooperación, de lucha individual en lugar de
encontrar intereses reales y propios de sentido en la vida.
Así como
el reloj nos hizo prisioneros de su compas. El espejo nos aprisionó en la
imagen imperfecta del reflejo. Creó la ilusión de verme, inventó un otro a mí,
también llamado ego o egos; capaz de proyectar o difundir mi ser. La televisión
se encargó de amplificar aun más esta ilusión. Hizo posible la multiplicidad o
instantaneidad de la imagen. Millones de yoes ingresando a las casas de las
personas. Creando millones de realidades en millones de hogares. Y por aquello
de una mentira dicha mil veces se convierte en verdad, tuvo el efecto cuasi
instantáneo de no solo sugerirla sino de crearla y creerla.
Entonces…
contra que enemigos es que estamos revelando el campo de nuestras conciencias.
En
primera instancia contra los propios límites de nuestra realidad perceptiva.
En
segunda instancia contra los mismos hábitos impuestos por la conciencia que les
dio origen a nuestras personalidades.
Y en
tercera instancia contra todas las variaciones y posibilidades que la vida
misma desarrolló en un flujo de “sentido en el tiempo” que para las ciencias
modernas como la física, lo mismo daría que fuese hacia el pasado o hacia el
futuro. Las leyes se cumplirían de la misma manera. O sea, lo que para nuestra
existencia se revela como la culminación de algo, pudiera ser que fuese el
camino hacia el origen.
No
estamos hablando ni de dioses ni de absolutos, que a los efectos es lo mismo.
Pero si a lo mejor de polaridad, o sea de una capacidad del espectro de nuestra
conciencia de trasladarse en el tiempo.
Sé que
para muchos todavía suena esto a ciencia ficción, pero nada de lo que existe
hubiera sido posible sin estas dos componentes en la creación humana, ciencia y
ficción.
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