jueves, 9 de octubre de 2014

¿El manual…dónde está el manual?


Si todo manual intenta de alguna forma condensar algún tipo de información, haciéndola clara, lo más simple posible, e incluso en varios idiomas. Nos aporta recomendaciones de uso y de mantenimiento; los más osados hasta nos advierten de posibles fallas intentando alguna primaria solución. En fin, son ese tipo de instructivo que acompaña cualquier  producto electrónico que compremos… Pero además los vemos en un sinfín de actividades que intenten darnos un marco ordenado de cómo debemos proceder frente a distintas situaciones que se puedan dar.

Son ese tipo de instrucciones “bien a mano” con que contamos.

Expresiones como “de sentido común”, antiguamente daban ese marco lógico del entendimiento, llevado al diario vivir de los mortales. Todos daban por sentado que esa expresión resumía un saber amplio, claro y satisfactorio. Aunque en los hechos fuese después de difícil aplicación. Pero el solo hecho de expresiones como esta, nos daba la contundencia lingüística de que posteriormente todo se acomodaría por arte de magia, encajando como piezas de un rompecabezas unas con otras, armando y componiendo ese paisaje social al cual todos hacían referencia.

Es que si existe un sentido en común, posiblemente también exista un no sentido en común, entonces para quien le toque examinar algo a la luz de este manual, seguramente se encuentre tirado desde dos ángulos o pulsiones distintas. Y posiblemente nuestro protagonista no haya tenido en cuenta que ese “objeto social” llamado sentido común sea también afecto a cambios, variaciones e incorporaciones de distintos componentes en donde ese sentido común precisamente sea muy distinto. Lo que seguramente haga más complejo ese discernimiento.

Posiblemente este mundo cambiante y móvil, que nos exige actualizar nuestros conocimientos en función de una carrera mercadotécnica. Se encuentre más a gusto dentro de ámbitos colectivos muy disímiles pero a su vez cohesionados por un gusto y una disposición constante a aceptar lo nuevo e incluso ir tras ello como quien encontrase en ese cambio el simple modo de existir. Entonces en este estado de cambio y transformación, seducidos psicológicamente por esta idea. ¿Dónde se instala aquel espacio casi límbico del sentido común? Aquella estéti-ética a que hacíamos referencia. Hay una fuerza que empuja en estos tiempos (y no son precisamente a los que hace mención algún pre-candidato), a romper los viejos moldes, las formas, las estructuras que hacían antaño esa geometría social.

Sé que hay todavía una parte de esta sociedad que no termina por asimilar esas diferencias de época. Posiblemente no encuentre más que un desasosiego constante,  y le atribuya a todo esto la sola falta de un orden, de mano dura o firme. Quizás en su diagnóstico les falten datos. No haya reparado de forma más amplia en los alcances que han tenido estos cambios y que por alguna razón los haya dejado fuera.

Pero la realidad que es más persistente, obtusa y hasta implacable con nuestros esfuerzos por entenderla, nos desafía siempre a la vuelta de la esquina. A veces se disfraza de humana, se incorpora y toma un rostro. Aquel que tenga siempre “más a mano”. O sea el “manual humano”.

Tincho.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario