Si
todo manual intenta de alguna forma condensar algún tipo de información,
haciéndola clara, lo más simple posible, e incluso en varios idiomas. Nos
aporta recomendaciones de uso y de mantenimiento; los más osados hasta nos
advierten de posibles fallas intentando alguna primaria solución. En fin, son
ese tipo de instructivo que acompaña cualquier producto electrónico que compremos… Pero
además los vemos en un sinfín de actividades que intenten darnos un marco
ordenado de cómo debemos proceder frente a distintas situaciones que se puedan
dar.
Son
ese tipo de instrucciones “bien a mano” con que
contamos.
Expresiones
como “de sentido común”, antiguamente daban ese marco lógico del entendimiento,
llevado al diario vivir de los mortales. Todos daban por sentado que esa
expresión resumía un saber amplio, claro y satisfactorio. Aunque en los hechos
fuese después de difícil aplicación. Pero el solo hecho de expresiones como
esta, nos daba la contundencia lingüística de que posteriormente todo se
acomodaría por arte de magia, encajando como piezas de un rompecabezas unas con
otras, armando y componiendo ese paisaje social al cual todos hacían
referencia.
Es
que si existe un sentido en común, posiblemente también exista un no sentido en
común, entonces para quien le toque examinar algo a la luz de este manual,
seguramente se encuentre tirado desde dos ángulos o pulsiones distintas. Y
posiblemente nuestro protagonista no haya tenido en cuenta que ese “objeto
social” llamado sentido común sea también afecto a cambios, variaciones e
incorporaciones de distintos componentes en donde ese sentido común
precisamente sea muy distinto. Lo que seguramente haga más complejo ese
discernimiento.
Posiblemente
este mundo cambiante y móvil, que nos exige actualizar nuestros conocimientos
en función de una carrera mercadotécnica. Se encuentre más a gusto dentro de ámbitos
colectivos muy disímiles pero a su vez cohesionados por un gusto y una
disposición constante a aceptar lo nuevo e incluso ir tras ello como quien
encontrase en ese cambio el simple modo de existir. Entonces en este estado de
cambio y transformación, seducidos psicológicamente por esta idea. ¿Dónde se
instala aquel espacio casi límbico del sentido común? Aquella estéti-ética a
que hacíamos referencia. Hay una fuerza que empuja en estos tiempos (y no son
precisamente a los que hace mención algún pre-candidato), a romper los viejos
moldes, las formas, las estructuras que hacían antaño esa geometría social.
Sé
que hay todavía una parte de esta sociedad que no termina por asimilar esas
diferencias de época. Posiblemente no encuentre más que un desasosiego constante, y le atribuya a todo esto la sola falta de un
orden, de mano dura o firme. Quizás en su diagnóstico les falten datos. No haya
reparado de forma más amplia en los alcances que han tenido estos cambios y que
por alguna razón los haya dejado fuera.
Pero
la realidad que es más persistente, obtusa y hasta implacable con nuestros
esfuerzos por entenderla, nos desafía siempre a la vuelta de la esquina. A
veces se disfraza de humana, se incorpora y toma un rostro. Aquel que tenga
siempre “más a mano”. O sea el “manual humano”.
Tincho.
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