domingo, 23 de febrero de 2014

El ins-tante (entre todo aparente final y posible comienzo)


Sabido es que el ciempiés es un ser puntilloso, y lo que más lo abruma es un paso en falso, ya que para lo que a un simple bípedo seria un tropezón, para él en cambio es un tropecien. Cosa muy mal vista dentro de la sociedad de los ciempiés.

La sociedad de los ciempiés no escapa a cualquier otra sociedad de las que podemos ver en la naturaleza, con sus órdenes de jerarquías, su separación de tareas por sexo, su afán clasificatorio y lo que mayor llama la atención es como una vez que uno ingresa allí, el carácter del grupo termina domesticando los impulsos.

Uno aprende a controlarlos y dominarlos (o sea inhibirlos) todo lo que ahí sucede es como si fuese, pero en realidad no lo es.  Todos juegan su juego y despliegan sus cartas, hacen sus apuestas y encauzan sus desordenes. Pero la fantasía dura lo que un recreo en la escuela, suena el timbre y cada uno a su labor, su tarea, su obligación.

Una fantasía dentro de otra fantasía, parecería ser la posible solución.

Al poco tiempo de estar entre los suyos, ciempiés comprendió, que mas había aprendido en compañía de extraños, que en compañía de iguales.

Allí donde se equilibran las emociones y la cura se cobra una víctima. También se pierde a un posible combatiente.

La rebeldía como toda enfermedad se paga en carne propia y deja sus cicatrices, y también siembra su semilla.

Esta, es la única que nos augura una esperanza.

La rebeldía crece a la sombra y en algunas instancias salta sobre sí misma. No se encauza sino que se auto convoca.

Ella está siempre atenta y presente.

Así que ciempiés partió como llegó, a los tropezones, errabundo… vacío y lleno.

Tincho.

 

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