viernes, 1 de noviembre de 2013

“Andando”


Cuenta la leyenda que un día… el ser creador tomó varios hombres, y con el barro de sus cuerpos sopló sobre ellos y dio vida a un ciempiés.

Ciempiés partió despacio, tastabillando, en movimientos torpes.

Corcovando el paisaje.

Por el arenal quedaron las huellas de su desacompasado serpenteo.

¿Cómo se puede ordenar sincrónicamente tantos pies? Se preguntaba aquel curioso ser.

Cuando doblaba de forma muy pronunciada, a veces quedaba esperando… con miedo de que parte de su esquelético cuerpo, pudiese seguir otro rumbo.

Ciempiés halló en su camino una larga fila de hormigas, observó que llevaban pedacitos de algún vegetal, y que con sus antenas se frotaban cuando se enfrentaban con otra que venía en sentido contrario.

Dos ríos de hormigas corriendo. Así que tomó de aquel suceso su aprendizaje y enseguida se puso en marcha.

Primero todas a la vez las patas del lado derecho y después todas las del lado izquierdo.

Un, dos. Un, dos. Un, dos… y salió en un gracioso balanceo.

A la hora de la siesta mientras dormitaba. Vio que del cielo llegaban en grandes cantidades curiosos animales que iban registrando todas las flores, extrayendo de ellas su polen.

Aquel sonido producido por el vibrar de sus alas, daba al conjunto el aire de un mantra.

Cuando despertó, había hallado en sueños la solución. A cada pie un sonido particular, y al conjunto, su melodía armónica.

 Serian como las teclas de un piano golpeando en el suelo su nota. Y la partitura se llamaría “andando”.

Así fue que ciempiés encontró su música. Pero, faltaban aun otras sorpresas por llegar… (Continuará)

Tincho.

 

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