No pasaba nada en el plano
acontecer de aquellos días.
En la capa más fina y
exterior de la apariencia.
El hombre transcurriendo
hábitos y rutinas. Suceso a suceso, aconteciendo.
Ni un solo renglón en los
titulares.
Ignorando porfiadamente
aquel fermento.
Solo nubes grises y
oscuras, cargadas de una multitud de pequeñas gotitas.
Solo el resplandor en
racimos de electrones, descargando en chorros el intenso contenido.
Las bocas secas de la
tierra, bebiendo su alimento.
Las risas nuevas de estos
tiempos, buscándose, mirándose, floreciendo entre las grietas y cicatrices del
suelo áspero.
No necesitamos de sus
oscuros presagios, ni de sus hipnóticos pronósticos del tiempo.
Dejemos que el sonido suave
de los instrumentos, armonice el eco, la voz y el canto.
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