lunes, 6 de enero de 2014

Un alto en el camino…


En poco rato mas estará lloviendo (sentenció ciempiés) y apresuró su paso.

Había un frenético transitar de un lado a otro.

El aire, cargado de electricidad se encargaba de transmitir a las plantas y a los animales el tan anunciado pronóstico.

Ciempiés buscó refugio en un lugar un poco más alto de lo normal.

Mientras trepaba por el tallo de una enredadera, advirtió que un caracol iba también subiendo en su misma dirección. Sin otra sujeción que el de su vientre húmedo aquel curioso animal podía anticiparse siempre, pese a la lentitud de  sus movimientos.

Como si en aquel cuerpo blando y amorfo el tiempo guardara sus secretos, en suaves movimientos de estiramiento y de compresión marchando en un lento tic tac.

Ciempiés, que no perdía oportunidad de entablar un trato amistoso, le preguntó si necesitaba de alguna cosa…

El caracol sorprendido con aquel gesto, amarró bien fuerte su caparazón al tronco y viendo que empezaba a gotear, lo invitó a entrar en su casa.

Ciempiés nunca había estado en un lugar tan a gusto.

Aquella forma de espiral y el material con el que se había construido, la hacían no solo resistente sino además, parecía pensada y hecha con exquisito gusto y sabiduría.

Se contaron mutuamente historias, compartieron algunas hojas frescas, y para cuando el sol volvió a salir, había quedado entre ellos una fuerte amistad.

Se saludaron y siguieron cada uno por su camino…

Tincho.

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