jueves, 4 de octubre de 2012

Sincronicidad


Vamos a empezar definiendo el concepto de sincronicidad y ubicarlo en el tiempo.

La historia y uso de este concepto comienza con la colaboración de dos pensadores como el psicólogo Carl Jung y el físico Wolfgang Pauli. Las vidas y las obras de estos dos hombres contienen el embrión que ira evolucionando y enriqueciendo el concepto de sincronicidad.

La definición es: “una coincidencia significativa o patrones de causalidad, relacionados significativamente”

Se refiere  a la unión de los acontecimientos interiores y exteriores de un modo que no se puede explicar pero que tiene sentido para el observador, es decir, son ese tipo de eventos en nuestra vida que solemos achacar a la casualidad, a la suerte, o a la magia.

Tienen que ver con el lenguaje del inconsciente, las creencias y los propósitos en la vida. O sea hay una conexión entre lo interno y lo externo, lo que esta pasando en la vida.

El principio de exclusión aportado por Pauli añadió a la mecánica cuántica y permitió reconocer un patrón, por debajo de la superficie atómica de la materia, que lleva a entender la sincronicidad como un principio conector acausal.

Hay un reloj instalado en nuestras cabezas, para que el complicado mecanismo de la casuística, funcione en forma aceitada y organizada. Dia a día entramos en el tubo del diario desarrollo para cumplir con nuestra “función” como seres sociales. El trabajo es compartimentado, segmentado, al igual que las ideas y los pensamientos. Cualquier tropiezo o disfunción haría que al igual que una maquina embotelladora comenzara a chocar botellas, y el sistema haría saltar la alarma para  que fuese solucionado ese problema. Se aísla el agente en cuestión, se medica, se trata. Y se estudia si es posible su inserción, de lo contrario se le separa o se le diagnostica su falla. Así funciona la cotidianeidad. Inclusive las personas que viven en situación de calle y su medio de subsistir se desarrolla en la misma. Aprenden sus mecanismos, sus lógicas, e interactúan con esa otra realidad pero sin interferir circulan en un circuito o tiempo alternativo con sus propios momentos. Se cruzan, se reconocen, pero en la mayoría de las veces siguen sus propios caminos. No hay grandes conflictos, sino una breve pausa en esa cinta transportadora.

Ahora bien, que pasa cuando el sistema económico de un país hace crisis.

El mundo del trabajo formal sufre un  gran sacudón. Y con ello toda la economía. Los valores de las cosas o los precios fijados a las mismas caen junto con ellas, pero también es cierto que el circulante papel es retirado del mercado, escasea su uso y comienza a tejerse una red de los de arriba y otra de los de abajo. Los unos salvar sus propiedades, beneficios, actividades económicas y financieras, y los otros juntar para el puchero, sustentarse, sobrevivir, generar y tejer lazos de contención como en una guerra. Cambian las lógicas en forma drástica. Crece la atención y con ella se abren canales a la intuición. Surge la solidaridad, la empatía, por lo general conlleva cambios políticos importantes, mientras el sistema se rearma, dependiendo de la hondura de la crisis. Pudiendo a veces partirse o  fragmentarse un estado, o también ser intervenido desde fuera para según los interventores llevar el orden al lugar, o sea el orden de sus intereses.

Así como se inventan guerras, se inventan crisis y que no dejan de ser guerras disfrazadas y mucho más rentables.

Proponíamos en el programa anterior como ver esta nueva forma de sincronizar sin hábitos. Como apagar esta llave, en los momentos en que tenemos un tiempo para nosotros. Y como aprovechar aquellos tiempos que les  llamamos “muertos”. Y a  los cuales les  voy a definir como “no tiempo”. Esos momentos entre que salimos de un lugar y vamos transitando hasta llegar a otro lugar pre-fijado  en nuestra trayectoria. O esas esperas en que la realidad tubular o del diario acontecer nos introyecta. Esos momentos son los que vamos a utilizar para ir deshabituando nuestra conciencia o enfoque perceptivo. Nuestra intuición aquí es la que nos va a colocar o a ubicar en ese territorio llamado” realidad”.

Para ello vamos a hacer el ejercicio de poner toda nuestra atención a lo que esta sucediendo a nuestro entorno, y asumir las consecuencias  y la responsabilidad por eso que esta aconteciendo.

Trataremos de que aquellas coincidencias a nuestro juicio o interés significativas que acontezcan y a las cuales nuestra intuición nos proponga un abordaje, nos entreguemos por entero a la experiencia. No buscando una explicación absurda para salir lo mas intocado de la misma. Sino justamente lo contrario. Entraremos en ella con atención o sin tensión, a vivirla emocionalmente sin levantar escudos o corazas. Después nuestra conciencia abrirá un espacio para conocer y entender por qué esa experiencia apareció o surgió a la realidad. O sea, que intencionalidad o inconsciente colectivo según Jung  hizo posible que esa sincronicidad de momentos confluyera hacia una concreción de realidades.

Este ejercicio o juego de la atención, nos permite entrar en la vida en forma consiente, sin dispersiones. Sin disecciones. Y es precisamente esta cualidad la que nos va a ir dotando de algunos elementos o herramientas e ir haciendo un progresivo aporte a la transformación consiente de la realidad. Y esto ira dando un giro en las devoluciones que obtendremos a posterior.   

-Por hoy abandonaremos por aquí. Pero nos va quedando aun abordar el tiempo como magnitud o complemento del espacio tridimensional hacia uno de cuatro dimensiones llamado espacio-tiempo.

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