Vamos a
empezar definiendo el concepto de sincronicidad y ubicarlo en el tiempo.
La
historia y uso de este concepto comienza con la colaboración de dos pensadores
como el psicólogo Carl Jung y el físico Wolfgang Pauli. Las vidas y las obras
de estos dos hombres contienen el embrión que ira evolucionando y enriqueciendo
el concepto de sincronicidad.
La
definición es: “una coincidencia significativa o patrones de causalidad,
relacionados significativamente”
Se
refiere a la unión de los
acontecimientos interiores y exteriores de un modo que no se puede explicar
pero que tiene sentido para el observador, es decir, son ese tipo de eventos en
nuestra vida que solemos achacar a la casualidad, a la suerte, o a la magia.
Tienen
que ver con el lenguaje del inconsciente, las creencias y los propósitos en la
vida. O sea hay una conexión entre lo interno y lo externo, lo que esta pasando
en la vida.
El
principio de exclusión aportado por Pauli añadió a la mecánica cuántica y permitió
reconocer un patrón, por debajo de la superficie atómica de la materia, que
lleva a entender la sincronicidad como un principio conector acausal.
Hay un
reloj instalado en nuestras cabezas, para que el complicado mecanismo de la
casuística, funcione en forma aceitada y organizada. Dia a día entramos en el
tubo del diario desarrollo para cumplir con nuestra “función” como seres
sociales. El trabajo es compartimentado, segmentado, al igual que las ideas y
los pensamientos. Cualquier tropiezo o disfunción haría que al igual que una
maquina embotelladora comenzara a chocar botellas, y el sistema haría saltar la
alarma para que fuese solucionado ese
problema. Se aísla el agente en cuestión, se medica, se trata. Y se estudia si
es posible su inserción, de lo contrario se le separa o se le diagnostica su
falla. Así funciona la cotidianeidad. Inclusive las personas que viven en
situación de calle y su medio de subsistir se desarrolla en la misma. Aprenden
sus mecanismos, sus lógicas, e interactúan con esa otra realidad pero sin
interferir circulan en un circuito o tiempo alternativo con sus propios
momentos. Se cruzan, se reconocen, pero en la mayoría de las veces siguen sus
propios caminos. No hay grandes conflictos, sino una breve pausa en esa cinta
transportadora.
Ahora
bien, que pasa cuando el sistema económico de un país hace crisis.
El mundo
del trabajo formal sufre un gran sacudón.
Y con ello toda la economía. Los valores de las cosas o los precios fijados a
las mismas caen junto con ellas, pero también es cierto que el circulante papel
es retirado del mercado, escasea su uso y comienza a tejerse una red de los de
arriba y otra de los de abajo. Los unos salvar sus propiedades, beneficios,
actividades económicas y financieras, y los otros juntar para el puchero,
sustentarse, sobrevivir, generar y tejer lazos de contención como en una
guerra. Cambian las lógicas en forma drástica. Crece la atención y con ella se
abren canales a la intuición. Surge la solidaridad, la empatía, por lo general
conlleva cambios políticos importantes, mientras el sistema se rearma,
dependiendo de la hondura de la crisis. Pudiendo a veces partirse o fragmentarse un estado, o también ser
intervenido desde fuera para según los interventores llevar el orden al lugar,
o sea el orden de sus intereses.
Así como
se inventan guerras, se inventan crisis y que no dejan de ser guerras
disfrazadas y mucho más rentables.
Proponíamos
en el programa anterior como ver esta nueva forma de sincronizar sin hábitos.
Como apagar esta llave, en los momentos en que tenemos un tiempo para nosotros.
Y como aprovechar aquellos tiempos que les llamamos “muertos”. Y a los cuales les voy a definir como “no tiempo”. Esos momentos
entre que salimos de un lugar y vamos transitando hasta llegar a otro lugar
pre-fijado en nuestra trayectoria. O
esas esperas en que la realidad tubular o del diario acontecer nos introyecta.
Esos momentos son los que vamos a utilizar para ir deshabituando nuestra
conciencia o enfoque perceptivo. Nuestra intuición aquí es la que nos va a
colocar o a ubicar en ese territorio llamado” realidad”.
Para ello
vamos a hacer el ejercicio de poner toda nuestra atención a lo que esta
sucediendo a nuestro entorno, y asumir las consecuencias y la responsabilidad por eso que esta
aconteciendo.
Trataremos
de que aquellas coincidencias a nuestro juicio o interés significativas que acontezcan
y a las cuales nuestra intuición nos proponga un abordaje, nos entreguemos por
entero a la experiencia. No buscando una explicación absurda para salir lo mas
intocado de la misma. Sino justamente lo contrario. Entraremos en ella con
atención o sin tensión, a vivirla emocionalmente sin levantar escudos o
corazas. Después nuestra conciencia abrirá un espacio para conocer y entender por
qué esa experiencia apareció o surgió a la realidad. O sea, que intencionalidad
o inconsciente colectivo según Jung hizo
posible que esa sincronicidad de momentos confluyera hacia una concreción de
realidades.
Este
ejercicio o juego de la atención, nos permite entrar en la vida en forma consiente,
sin dispersiones. Sin disecciones. Y es precisamente esta cualidad la que nos
va a ir dotando de algunos elementos o herramientas e ir haciendo un progresivo
aporte a la transformación consiente de la realidad. Y esto ira dando un giro
en las devoluciones que obtendremos a posterior.
-Por hoy
abandonaremos por aquí. Pero nos va quedando aun abordar el tiempo como
magnitud o complemento del espacio tridimensional hacia uno de cuatro
dimensiones llamado espacio-tiempo.
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