A menudo,
todo aquello que no transita por los canales de lo permitido socialmente, se
expresa como marginalidad.
El mundo
marginal obedece a un imaginario en donde van a parar aquellos que no estén en
consonancia con los principios éticos y morales de una sociedad.
Pero ello
en la realidad de lo cotidiano no es posible distinguirlo tan fácilmente.
Solo
sabemos de algunas personas que por razones de la justicia les sea aplicado el
código de la ley. Una ley que se utiliza con criterios a veces ejemplarizantes
sobre unos y muy condescendientes sobre otros.
Y es tan
ambiguo el camino y tan difícil de trazar esa línea, borde o margen
clasificatorio que no deja de ser más que la expresión del miedo, el control y
el poder de un grupo sobre el resto de las personas.
El poder
se abroquela, se respalda, se legitima y actúa en un supuesto beneficio
público.
¿Como
deberíamos leer hoy la rebeldía y las formas de respuesta o contrapeso al
modelo que en forma global a imperado hasta el momento?
Creo que
el trabajo independiente, aquellos que encuentran en los distintos oficios a
pequeña escala un trabajo, sus tiempos, sus formas y hasta su arte
creativo. Van incorporando una manera de
estar en la realidad, que lo hacen por momentos un marginal, un ser que entra
en los códigos para interactuar, e incluso lograr vivir en él. Pero se
desprende con facilidad del mismo, en cuanto siente que su alma o espíritu le
reclama su retiro. Esta persona, combativa de lo “establecido”, pero ambigua,
ya que extrae de él también los recursos para vivir. Le queda un mensaje
partido, con vaivenes, por momentos ocupa la vanguardia para un cambio, y en
otras se retrae al ostracismo de su domicilio y sus afectos.
Y
mientras tanto piensa… medita, e incluso acompaña de los pocos focos de resistencia
que pueda sentir que en algo ayude su militancia participativa al deseo y anhelo
de un sueño o ilusión.
Trascender
estas formas no es tarea sencilla. Requiere algo más que convicción y
confianza. En todo colectivo los tiempos a los cuales abordamos, son muy
diferentes, y sincronizarlos requiere de trabajo, esfuerzo, comprensión, paciencia
y mucho de constancia. Y por el otro, ir soltando hábitos y dejando que cada
uno exprese en el momento que sienta “su momento”. Y a su manera o modo, el
mismo.
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