Aun
creemos que podemos separar el mal del bien, y de esa forma eliminar lo malo y
aferrarnos al bien como promesa transformadora.
Pero
esos totalitarismos reductivos son difíciles de acompañar.
Nos
cuesta imaginarnos como seres en evolución, en transformación constante. En
alerta a nuestros impulsos. A una amalgama de emociones contradictorias.
“el
otro” muchas veces es un canal para exteriorizar o exorcizar nuestros
sentimientos expansivos o introyectivos. Nuestros mejores deseos o nuestros
peores augurios.
Desde
este blog y que nos gustaría que también nuestros oyentes de pescando al
atardecer accedan a poder publicar en él, es que confiamos y damos al aire la
forma de ingresar al mismo. También esperamos que al pie de dicha publicación
lo acompañen de su nombre o seudónimo. Y confiamos que esta herramienta sea un
medio para sumar al cambio que todos esperamos, pero somos conscientes de que
al mover sentires, emociones contenidas y mas de algún pensamiento
cristalizado, por no mencionar ciertos intereses particulares. Es que sabemos
que van a caer no solo aplausos sino también palos, pero eso es inherente al
comportamiento humano.
Tincho.
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