lunes, 30 de diciembre de 2013

El ciempiés y la araña


Sin guarida aún, anduvo ciempiés varios días recorriendo por el lugar en busca de alimento. Registrando  a su paso preferiblemente los lugares húmedos y oscuros. Hurgando en las cortezas de los árboles y debajo de piedras, en troncos ya podridos y en la maleza espesa. Como no sabía aún de los peligros, andaba con cautela durante el día y preferiblemente utilizaba la noche en sus recorridos.

Ciempiés tenía una excelente visión nocturna y además todo su cuerpo era un buen sensor de movimiento. Captaba la más pequeña alteración del entorno.

Una noche de luna llena, encontró en su camino una hermosa planta que bailaba temblorosa. En sus hebras, podían verse cual carteles luminosos los reflejos de aquella noche tan clara.

Se acercó atraída por aquella especie de fascinación.

En pocos segundos una polilla nocturna que daba todo tipo de acrobacias en el aire, acertó en medio de aquella hoja. Y quedó como pegada, temblando también.

Tan aprisa como un rayo, alguien se lanzó sobre ella y aprestó envolverla y cubrirla con una fina cuerda.

El ciempiés protestó, levantó sus patas delanteras, pero ya era tarde… Comprendió que debía compartir territorio y que poco había que fiarse de aquella tejedora, que iba colgando señuelos por aquí y por allí, con eficaz estrategia.

Tincho.